Gabo

"La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón"

Tanja, la holandesa de las Farc

Caminaba segura y sin descanso por el campamento, abrazaba a las guerrilleras aunque siempre parecía estar seria.

Tanja Neijmeijer, o Alexandra Nariño, como la llaman, lleva 15 años vinculada a las  Farc-EP. Su extraña belleza sobresale en los montes que fueron testigos del conflicto armado; al principio, cuesta trabajo hablarle, por su aparente frialdad. En medio del ocupado ‘día a día’ de la zona veredal de La Elvira, aceptó relatar su vida a Utópicos.

El reportero Utópicos Pablo Navarrete, entrevistando a Tanja, en La Elvira, Cauca

LOS PRIMEROS PASOS

Era alumna de lenguas y culturas romances en la Universidad de Groningen, Holanda. Me ofrecieron un trabajo como profesora de inglés en Pereira, Colombia. Simplemente dije: -Colombia, Latinoamérica, es lo que necesito-.

Imaginaba un país bombardeado, donde los cohetes volaban por el aire, pensaba que me iban a hacer daño inmediatamente aterrizara el avión, pero cuando llegué a Bogotá vi que de guerra no había nada. En Pereira empecé a investigar, me movía en círculos de gente adinerada, trabajaba en uno de los colegios más caros.

Comencé a descubrir la guerra en la televisión, viendo a esos ‘terroristas’ que diariamente hacían atentados y secuestraban gente. Esos ‘terroristas’ eran las Farc.                       

Yo decía: “Si son terroristas, narcotraficantes, asesinos, ¿por qué hay tanta gente que ingresa a las Farc?  ¿Por qué tienen tanto poder?” No me contentaba con que me dijeran que la guerrilla engañaba a los campesinos, ese cuentico no me entraba.                     

Un día, una profesora del colegio comenzó a explicar la historia de Colombia, me llevó a los barrios más pobres de Pereira, a hablar con las madres comunitarias en Dosquebradas, y empecé a escribir mi tesis. Cuando terminé el año regresé a Holanda con otra idea, algo había cambiado en mi cabeza.                       

Vengo de una familia católica, mis papás son campesinos en un pueblo pequeño de Holanda. Me dijeron que estaba cogiendo por un camino que no era. Mi papá dijo: “lo que tú quieres es el comunismo”: respondí: “pues si quieres llamarle así, hazlo”.

Terminé mi carrera, la sociedad empezó con la presión: trabajo, carro, casa, esposo e hijos. Pero había algo más, no me parecía un pensamiento radical querer cambiar al mundo, a la sociedad, a un país, y lo entendí cuando me vine para Colombia.

Después de la desmovilización, gobierno y Farc acordaron darle un marco legal a los extranjeros que formaron parte de la guerrilla.

Tanja se quedará en Colombia y participará en las tareas de conformación del nuevo partido político.

 

CAMINO A LAS FARC

Me reencontré con la profesora. Me contó que era miliciana de las Farc. No tenía pensado irme para el monte, yo quería aportar algo a la lucha, me sentía identificada con los ideales de las Farc.

En diciembre del 2002, fui a un curso político-militar en el páramo de Sumapaz, por un mes. Vi a la guerrilla uniformada, pasar por las casitas, la respuesta de la población. Las guerrilleras eran consentidas, cantaban, se hacían trenzas, eran femeninas,  muy finitas en su manera de tratar. Me las imaginaba rudas, bruscas pero encontré guerrilleras tiernas y amorosas, educadas, serviciales.

Ya en Bogotá, empecé a hacer pequeños trabajos intelectuales y contacté a un guerrillero urbano. Trabajé como miliciana, pero a los 8 meses toda la estructura se ‘quemó’, capturaron a una gente, me dijeron que tenía que desligarme un tiempo de la organización o irme al monte. Dije: “me voy para el monte”.

EN LO PROFUNDO DE LA SELVA

Los primeros 15 días nos quedamos en un campamento gigante donde todos éramos nuevos, me mandaron a un curso de economía política con unidades de los Frentes 39 y 16, el instructor era Simón Trinidad.

La mayoría no sabía leer ni escribir. Me costaba un poco entender el español pero lo hablaba bastante bien. Los guerrilleros, con curiosidad, me hacían círculos y se burlaban, pensaban que había llegado una bobita. No les cabía en la cabeza que era extranjera, que hablaba un idioma diferente, me hacían preguntas ¿Cómo se ve el mundo desde un avión?  ¿En qué parte de Colombia queda Holanda? Cuando vi la paciencia del camarada Simón Trinidad con esa gente vi que era un hombre absolutamente brillante, como intelectual y en tener paciencia para enseñarle al guerrillero con respeto; un gran pedagogo.

El trato entre los guerrilleros era respetuoso, amable y solidario. Después, al resto lo mandaron para un curso básico y a mí para donde el ‘Mono Jojoy’ a dictar un curso de inglés.

Vivíamos en campamentos estables, se hacían cursos, la guerrillerada se movilizaba en carro, la economía la bajábamos del camión y la llevábamos al economato; la comida era rica, teníamos verduras, una vez por semana mataban una vaca para comer carne. Era una guerrilla acomodada, nos decía el ‘Mono Jojoy’.                       

El entrenamiento fue terrible, cinco minutos para bañarse, diez para almorzar, cargar mucho peso en la espalda, llegar exhausto, manejar machete, no tener dónde dormir cuando empezaba a llover; lavar ollas, atrincherarse, los asaltos del ejército a medianoche, llamaban dos, tres, cuatro veces en la noche con el pito: “¡A empacar!”, nos vamos de marcha;  sancionaban al que dejaba cosas botadas, eso fue muy duro.

Comenzó a sonar plomo, yo no sabía qué hacer, disparaban hacia la rancha desde el otro lado del río, me atrincheré pero nunca disparé, estaba muerta del susto. Duré un rato ahí, no había nadie conmigo, estaba sola. Como normalmente estábamos en campamentos estables, no nos movíamos mucho, me era totalmente desconocida la zona.

El ejército estaba entrando al campamento, salí hacia la carretera, ahí estaban emboscados, preguntaron furiosos: “¿dónde estaba metida?”. El campo estaba minado pero logramos salir. Me encontré con el ‘Mono’, yo estaba furiosa, me había dejado botada.

De 2003 a 2008 fui guerrillera de base, pagando guardia y haciendo lo que hace un guerrillero cualquiera. Luego me mandaron seis meses a orden público, fui secretaria de célula, aprendí a ser ecónoma, fue una tortura, duré apenas cinco meses en el cargo. Siempre quise hacer un curso de enfermería pero nunca me lo dieron.

Tanja, la holandesa de las Farc

 

CAMINO A LA PAZ.

Cuando murió el ‘Mono’, en 2010, los jefes me mandaron al norte del país: duré dos años con Iván Márquez trabajando duro en edición de videos, producción de material para la Comisión Internacional, y cuando se comenzó a hablar del proceso de La Habana se reunió el Estado Mayor Central y me metieron en la lista para ir a Cuba.

Lo más difícil en 15 años en la guerrilla fue La Habana. Yo llevaba como 10 años en el monte, la selva y la guerrilla eran mi vida, ellos son mi familia. En La Habana había una comunidad de guerrilleros pero no era lo mismo, uno vivía en casa, fue muy difícil acostumbrarse a eso.

En el primer punto, el Agrario, estuve en la Mesa de Negociaciones, me aguanté más de un año. Se gastaron casi 6 meses en formular la metodología, en acordar los ejes de la discusión. Había muchas cosas técnicas muy complejas de manejar para que el proceso fuera exitoso.

¡Cuándo va empezar la discusión! Hasta que se empezó a redactar el punto uno; pensé: “esto tiene buen rumbo”; todos se dieron cuenta de que el proceso de paz no era un tema de ideologías, comenzó a haber claridad entre el gobierno y las Farc.

                El impacto más grande fueron las audiencias con las víctimas del conflicto armado; cada una tenía 15 minutos para contar su historia, escuchamos historias muy desgarradoras, yo miraba a Victoria (Sandino) con lágrimas, y al frente, los del Gobierno con lágrimas, tragando saliva. Era muy impactante.

¿Qué me han dejado 15 años en las Farc? Pensar en colectivo, en la organización guerrillera he aprendido a compartir.

¿Sueños? Mi proyecto de vida hace unos años era ingresar a la guerrilla y estar en la guerra. Ahorita vamos a hacer la paz; sin embargo, vamos a seguir luchando por nuestras metas políticas.

Creía que no iba a poder, quienes me rodeaban me decían: no pida ingreso, es muy delgada para estar aquí, es muy duro para una extranjera como usted. Pero con pequeñas victorias veía que podía hacerlo.

Los entrenamientos generalmente son más fuertes que la guerra. Dos semanas después asaltaron el campamento y yo agradecí haber hecho ese curso; sino, me hubieran matado.

El ejército se movía en una selva impenetrable, en el Meta nadie pensaba que fuera a llegar al campamento del ‘Mono’; un guerrillero que estaba en el río, vio a un soldado haciéndole señas a otro soldado. El guerrillero disimuló y siguió su camino, así descubrimos que habría un asalto.  Cuando llegó el ejército, el ‘Mono’ había desocupado todo, salieron en carros y se les olvidó llevarme.

 

 Pablo Navarrete

 nombre / docente usc (pones el cargo si no es estudiante)