Twitter: ¿Herramienta o tribuna?

El pasado 21 de enero, el expresidente @ernestosamperp publicó este tuit:

“En pocos meses pasamos de ser un país héroe que había conseguido la paz con el respaldo de la comunidad internacional, a un país matón que desconoce la palabra empeñada y renuncia al DIH, que implica un cese bilateral de hostilidades que afectan a la población civil inocente”.

La reacción del público fue muy variada: 1.300 ‘me gusta’ (1.3K likes), 899 retuits y más de 180 comentarios, en diez días. Estuvo lejos de volverse viral el comentario de Samper, pero para algunas personas, como yo, desencadenó una reacción que no esperaba y me brindó la oportunidad de reflexionar sobre cómo usamos el servicio de micro blog más popular del planeta tierra.

 

 

 

A Samper le llovieron ataques en los que se le recordaba el Proceso 8.000 -la investigación penal sobre el ingreso de dineros del narcotráfico en su campaña presidencial-, y uno que otro manifestó estar de acuerdo con el exmandatario.

Lo inesperado me llegó en mensaje privado de Twitter. Uno de mis amigos más queridos, con quien suelo polemizar respetuosamente sobre muchos temas, me escribió:

“¿Citando a Ernesto Samper? ¡Qué vergüenza!”

Me hubiera esperado un comentario de estos cuando retuiteo a Timochenko, a Piedad Córdoba o a Álvaro Uribe. Pero, ¿al inofensivo Samper Pizano? Confieso que quedé algo desconcertada. Recuperada de la sorpresa, empecé a reflexionar sobre el uso cotidiano de Twitter, que muchos hacemos, y le respondí:

“Retuitear no es compartir opinión. Cuando tengo algo que opinar, lo escribo. Simplemente, lo hago muchas veces como periodista: Ilustro al público sobre lo que opinan otros”.

A lo que él contestó:

“Claro, claro, siempre que estén de acuerdo con uno, hasta la voz de los más corruptos adquiere validez”.

Ummm. ¿Será que siempre comparto con mis escasos casi 5 mil seguidores (otra confesión: soy una tuitera muy básica, que no quiere viralizar nada para evitar que me ataquen; por eso me siguen pocos, en comparación con la mayoría de mis colegas) aquellos tuits con cuyo contenido estoy de acuerdo? La verdad es que, como periodista, siento una gran responsabilidad con mi pequeño –y muy selecto- grupo de seguidores y me gusta ilustrarlos sobre lo que se mueve en la red.

 

 

Porque mi intención es usar a Twitter como herramienta periodística y no como tribuna de opinión. Como vehículo de otras opiniones, no para aumentar los odios y la polarización.

Claro, me muerdo las uñas de la piedra en algunas ocasiones; en otras, me dan muchas ganas de opinar sobre lo divino y lo humano, pero prefiero utilizar otros escenarios, menos viscerales, como los libros.

Aun así, no siempre estoy de acuerdo, como se lo escribí a mi amigo, con lo que hacen o piensan los personajes de mis escritos:

“Con tu argumento, tendría que sacar de circulación la mayoría de mis libros sobre temas de Colombia”.

¿Escribir un libro sobre el Palacio de Justicia es estar de acuerdo con esa cruenta acción guerrillera?, ¿darles voz a varios de los protagonistas del Clan de los Doce Apóstoles es validar el paramilitarismo?, ¿Entrevistar a Pablo Catatumbo es asumir como propia la ideología de las Farc? Rotundamente no. Así como retuitear a Ernesto Samper Pizano no es aceptar lo turbio que pudo rodear su campaña presidencial.

En todos los casos, es informar al público, es conversar con mis seguidores sobre temas que les importan, es permitirles conocer las opiniones de líderes de opinión que pueden llegar a incidir en la toma de decisiones, tanto de la sociedad como de los gobiernos de turno.

Twitter es una red maravillosa pero, al mismo tiempo, es un monstruo de mil cabezas, que trato de utilizar con el mayor de los cuidados, para poder vivir en Paz.

 

 

 Olga Behar

@olgabehar1 @gorjeo