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CUANDO LLEGÓ EL TERROR

Eran las 3:25 de la tarde. María, de 26 años, recibí la visita de Lorena, su hermana mayor, quien había cruzado

Las fronteras invisibles entre los barrios Matías Mulumba, Caldas y Progreso, con todo el peligro que esta acción implica.

Solo pretendía saber cómo se encontraban María y sus sobrinos.

 

Eran las 3:25 de la tarde. María, de 26 años, recibí la visita de Lorena, su hermana mayor, quien había cruzado las fronteras invisibles entre los barrios Matías Mulumba, Caldas y Progreso, con todo el peligro que esta acción implícita. Solo pretendía saber cómo se encontraban María y sus sobrinos.

A finales del año 2013, Buenaventura se encuentra en una zona de guerra y el barrio en la que vivió María no era la excepción. Lo que no es un lugar alegre, lleno de vida y comercio, ahora solo fueron disparos, silencios y la mirada vigilante de los habitantes del sector o de los integrantes de 'La Empresa' y 'Los Urabeños', grupos al margen de la ley .

"La visita de mi hermana me asustó, sabía que no era seguro que ella estaba allí, pero realmente no puedo hacer nada para evitarlo, ella es muy terca, yo no la visitaba porque tenia miedo, sabía muchas cosas que ella desconocía", relató María.

Durante los meses de noviembre y diciembre, en las tiendas del barrio se escucharon historias sobre asesinatos, cometieron jóvenes del sector, las mujeres comentaron en los que integran los grupos La Empresa y Los Urabeños; La mayoría de ellas terminaron con las palabras llorando sin consuelo, porque algunos de estos chicos eran parte de sus familias.

 María conocía las atrocidades en los que estos chicos estaban implicados: “Desde el inicio, todos sabíamos que algo estaba mal. Los rumores hicieron que las familias desalojaran las casas para no continuar viviendo la guerra, para impedir que sus hijos hicieran parte del terror. Y, sobre todo, para vivir tranquilos en otros lugares. Yo también quería ir, las casas que estaban quedando deshabitadas, convertidos en lugares de tortura, interrogatorio y hasta homicidios. "No me mates, no me mates, no hay malos malos, no me mates".

Lorena también había escuchado conversaciones donde se comentó la guerra que se estaba desatando, el día de su visita tenía el propósito de convencer a María para que fuera de ese lugar.

"Mi hermana no ha terminado". "Mi hermana no ha terminado". “Mucho me ha gustado”, “Un poco más”, “Cambiando plata”. . "Mirar fijamente al muchacho y le dije con voz que no quería nada, pero estaba muy pendiente del camino que recorría el muchacho, que estaba cambiando la plata", recordó.

 Antes de que el joven llegara a la esquina de la casa de María, un vecino de este lo llamó, según lo relatado ella:

  • Manito, ¿qué estás vendiendo? - Le pregunté.
  • No estoy vendiendo, estoy cambiando plata por estas cosas- le contestó el joven.

 “Desde donde estaba, no puedo oír todo, y lo único que me llegó a la cabeza fue decir: lo van a matar. Cuando yo dije eso, mi hermana se puso pálida, me puse a llorar, otro muchacho que se desconoce totalmente se gritó: ¡Se meten a las casas ya !, ¡Todo el mundo cierra sus puertas y ventanas! Oímos sus gritos, todo lo que suplicó ”, contó, compungida María.

 El silencio del lugar que se quedó en el barrio escuchó el sonido del machete, era el inicio del desmembramiento de un cuerpo. Cuando los sonidos son, a las 5 pm, Lorena organiza sus cosas para escuchar, pero escuchó el sonido de una carreta vieja que le avisó que aún no era el momento de salir.

"Mi hermana tenía que ir, por qué no en una calle para ver, por un pequeño espacio de la puerta, quién estaba en la calle; Tenía la esperanza de que fuera el señor del pescado. Mirar a un costal dentro de la carreta, que estaba en el suelo, alguien en sus manos, las mismas cosas que el vendedor vendedor, cambiando y la camisa con lo que vi la última vez .

  • Ándate para la casa, no le digas a nadie lo que pasó, sabrás cómo está, dijo María a Lorena.
  • Me da miedo irme sola- le contestó ella, angustiada.
  • Dios te va a cuidar. Te amo mucho- la animó María.

Pasada una semana, María se convirtió en una de las víctimas del desplazamiento forzado en Buenaventura. En el 2014, después de que ella abandonara la zona, las autoridades se explicaron por el terreno que no era un nombre de ella y que, en su ausencia, se ha convertido en una casa de pique.

En su declaración expuso que había abandonado el lugar por la violencia y que cuando sucedió, declaró su desplazamiento a las autoridades competentes. "Mi situación no es ajena a los muchos bonaverenses, y al igual que ellos, también guardo silencio, tengo miedo, tengo recuerdos y aún no puedo ir contando todo lo que oí y miré".

 

 Lina Marcela Piedrahita Toloza