Gabo

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Ropoco, un lápiz y una sonrisa

“Palmira me ha dado amor. Me da mucha satisfacción que pase por la calle y todo mundo me salude, eso vale mucho"

 

Los niños se ven descalzos, el dedo meñique de uno de ellos está levantado, con la ropa rota. Están sentados en la puerta de una finca mirando fijamente y sonríen de medio lado a quien los retrata, Rodrigo Posada Correa, artista antioqueño radicado en Palmira. Los niños son sus hijos, y aquel retrato es su imagen favorita.

"No había plata para zapatos, pero somos una familia de dedo parado", recuerda Posada.

Lo conocen como Ropoco, nació en 1933 en Caldas, Antioquia, es desorganizado y nunca ha ganado dinero con sus caricaturas. Hace 67 años llegó a Palmira a hacer campañas cívicas y a elaborar el tradicional pesebre navideño, dos de sus mayores pasiones.

Parte del pesebre.

"Es una persona querida, carismática, buen conversador, trabajador, tiene una gran habilidad de observar y posee una memoria muy bien entrenada", así lo describió  Mauricio Capelli, escritor palmirano que decidió dedicarle uno de los capítulos de ‘A la luz de las luciérnagas’, su último libro, como uno de los más conocidos en Palmira.

Posada Correa llegó a la ciudad de las Palmas cuando tenía 17 años: “Le estaba huyendo a lo que más le temen los hombres: el matrimonio”, narró el reconocido caricaturista, con gracia. "Tenía una novia de escuela, quería que yo me casara con ella, entonces me volé a Palmira a conseguir trabajo".  

Libro ‘Retratos de Ropoco’.

Ropoco le contó a Utópicos que era mal estudiante y perdió cuatro años de bachillerato en Caldas, pero se matriculó en la escuela de la vida y es el mejor estudiante: "Apenas voy a graduarme, estoy haciendo la tesis, me ha tocado asistir a todas las clases y tener mucha disciplina", dijo.

"Así como le hacía la caritura al presidente del Club Cauca, se la hace al mendigo o al traseúnte, al abogado, al buen amigo o al médico famoso": Capelli. 

Cuando llegó a Palmira, su trabajo pintando avisos era muy mal pago, pero poco a poco fue mejorando. Esa fue su ocupación durante 20 años. Con el tiempo logró crear Ropocolor, su empresa: "Llegué a tener 22 empleados, pero después se puso maluco el negocio y decidí cerrarlo hace tres años", contó.

 

Autorretrato ‘Yo x Yo’.

Comprometido con la cultura ciudadana realizó caricaturas para proponer la  campaña Querer a Palmira; quiso manifestar su amor y respeto por el civismo con un mural en la parte trasera del Colegio Cárdenas, pero un político valluno, argumentando que era contaminación visual, lo hizo desaparecer.

En 2015, la Alcaldía de Palmira le hizo un homenaje exponiendo todas sus obras, y así nació el libro ‘Retratos de Ropoco’, donde están los cuadros que ha dibujado en la ciudad. 

No todo es felicidad                 

El 4 de marzo de 1997, el ELN secuestró a Ropoco. Durante ocho meses, estuvo cautivo en zona rural de Tuluá. Su nieto, Sebastián Posada, tenía 3 años cuando ocurrió este trágico hecho: “fue una época muy dura para nosotros, pero él recuerda la historia de la manera más entusiasta, y a su captor con profundo agradecimiento porque veló para que se le diera un trato digno, por su edad”, dijo Sebastián, quien hoy tiene 24 años.

Él logró sobrevivir gracias al buen humor y recibió el mejor reconocimiento ocho meses después, cuando su casa se llenó por tres días de gente y periodistas que querían abrazarlo para celebrar su regreso. Capelli comenta que "el cariño de la gente le ayudó, si hubiera sido otra persona ya se hubiera ido con toda su familia, como pasó con otros, pero él se quedó en Palmira”.

La madre Teresa de Calcuta.

Un hombre muy popular

Capelli cuenta que “a él no le importan las diferencias de clases, así como le hacía la caricatura al presidente del Club Cauca, se la hace al mendigo o al transeúnte, al abogado, al buen amigo o al médico famoso". 

En algún momento le propusieron lanzarse como candidato a la alcaldía del municipio, a lo que él respondió con humor: "Tal vez me lance del quinto piso".  No quiso entrar a la política porque piensa que es una persona honorable: "Al ser alcalde, si usted no roba, tiene que dejar robar y comer callado, yo no sirvo para eso”.

Ropoco hablando con los ancianos del asilo.

No fue alcalde, pero representa al asilo de ancianos de Palmira. Sandra Viviana Pérez, asistente administrativa y auxiliar contable de ese lugar hace cuatro años, comenta que “sin la labor de él, este asilo no se mantendría, es la persona que busca los recursos, las donaciones, es muy noble, le gusta ayudar, está dispuesto a apoyar al que lo necesite".

Ropoco es una persona comprometida, que le pone el corazón a lo que ama. “Hoy su sueño es ver crecer al asilo", afirmó María Nilda López, asistente psicológica del Hogar.

A Rodrigo Posada Correa lo hace vibrar su amor por Palmira, hacer un retrato,  recibir el cariño de sus vecinos y amigos, y seguir trabajando por una ciudad más amable y generosa.

 Mildred Bahamón-Jessica Robledo 

  @Mildred_bc-@JessRobledoo18 

  nombre de fotógrafos 

  Jessica Robledo