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"La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón"

ANÉCDOTAS DE UNA MUJER TAXISTA

“Los niños suelen ser los más aterrados; más que todo, se impresionan al ver una señora al volante de un taxi, aquí en Palmira casi no hay taxistas mujeres”. Estas fueron las palabras de Eva Patricia Minota Cuéllar, una mujer de 37 años que lleva 20 años en la labor de conducir taxi. 
Ella se vio afectada por la falta de empleo que se vivía en Colombia en esa época, entonces decidió arriesgarse y empezar a trabajar en una actividad poco común –por lo menos en esa época- para las mujeres.
Patricia cuenta que nunca la han discriminado o rechazado por ser mujer: “Los colegas son muy amables, no son guaches como la mayoría de la gente piensa, que nosotros los taxistas somos una parranda de guaches”. 
No tiene horario fijo y prefiere trabajar a su propio ritmo: sale a la hora que considera apropiada, no espera en las esquinas o en centros comerciales, sino que prefiere ruletear, es decir, estar en movimiento por la ciudad. Cuando no hay clientela, prefiere regresar a su casa y volver a salir en horas pico.
Durante las dos décadas que ha pasado frente al timón de su taxi, le han sucedido muchas cosas extrañas. “Una vez recogí a una señora gorda y bajita que estaba en estado de alicoramiento. Se subió en el puesto de adelante y se quedó profundamente dormida; cuando llegué al destino, se me hizo muy duro poderla bajar del taxi y, para completar, no me pagó el viaje. Otro día llevaba a un señor que era hasta ‘chusco’, tenía un pelo mono (rubio), un monazo, diría, y al señor de repente le dio por agarrarme la coleta de mi cabello, me sentí incomoda. Le dije: ‘señor, hágame el favor y respete’, me tocó estacionar el carro en una esquina y llamar a otro taxista por el radioteléfono”, relató.

Eva Patricia manejando su Taxi

Eva Patricia disfruta mucho su trabajo porque tiene la oportunidad de compartir con sus clientes, suele ser amigable y trata de entablar conversación; le gusta que interactúen, aunque le molestan los que son irrespetuosos y no tienen ni un poquito de cortesía, como para saludarla. Otros pasajeros se queden callados todo el viaje y ella respeta esa actitud.
 
Momento en el que se va a ‘ruletear’
“Una vez llevé a un señor, salía de un bebedero, era cincuentón y estaba borrachito. Estaba tan mal que me decía que lo llevara a cualquier parte y yo: ‘no señor, dígame a dónde, no lo puedo a llevar a cualquier parte’; de un momento a otro, empezó a llorar y a contarme que la esposa se había ido con otro, casi me hace llorar, y yo dándole uno que otro consejito. Cuando finalmente decidió irse para su casa, yo creo que le habían pagado la prima o el sueldo entero, sacó una mundial de billetes de $50.000, los puso en el asiento, y me decía: págate de ahí, ¿con esto es suficiente? Y yo: no señor, cómo se le ocurre”, recordó, divertida.
Por último, Patricia recomendó: “No importa si trabajas en una oficina, en mantenimiento, si eres maestro, servidor público, político, empleado o profesional, si te esfuerzas diariamente, puedes hacer la diferencia”.
 

Aunque no existe un censo oficial sobre si los hombres o las mujeres utilizan más el taxi, en Bogotá, durante las horas del día, el porcentaje es muy repartido, pero en horas de la noche, las mujeres, por miedo a subirse a los buses, prefieren el taxi en un 70 %. 

Fuente: Asociación Nacional de Taxistas

Según las estadísticas del Fondo de Prevención Vial, de cada 10 conductores involucrados en accidentes, nueve son hombres y una es mujer.

 
Jhon Alexander Portocarrero/Audri Millán
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