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NAIRO QUINTANA: RETRATO DE UN CAMPEÓN

Se dice que Nairo es un súper hombre, que su circulación es maravillosa y su sangre fluye como un aceitico porque nació a 3.000 metros sobre el nivel del mar; y a los que nacen a esta altura, la sangre les corre fácilmente por las venas y, en grandes esfuerzos, el corazón trabaja suave.

El mejor escalador del mundo “tiene una fuerza mental extraordinaria, sentimentalmente está muy unido al ciclismo y caramba, se ha ganado a pulso esto. Está un escalón por encima de todos y va a ser el séptimo corredor del mundo que gane las tres grandes carreras, el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España”, comenta César Augusto Tobón, experto en ciclismo.

Eloísa Rojas, una mujer de 49 años, tez trigueña, ojos miel, mirada apacible, cuerpo menudo y cabello largo, está al frente de la tienda La Villita, el negocio familiar de los Quintana.



Doña Eloísa comenta que Nairo, el cuarto de sus cinco hijos era muy decidido desde que empezó a montar en bicicleta, se iba hasta Tunja y  llegaba tarde al colegio, cuando no era a Tunja era a Moniquirá, pero como estaba entrenando yo no le decía nada, aunque siempre estaba angustiada de que le fuera a pasar algo”. En esos pedalazos encontró una vocación que llevaría más allá de los límites.Es a hasta esta misma casa de dos pisos -adornada por una obra del pintor Aldemar Marín en la que está plasmada la imagen del campeón colombiano- hacia donde él pedaleaba con ahínco para recibir un almuerzo lleno de amor y sacrificio como recompensa a otro día en el Colegio Técnico Alejandro Humboldt de Arcabuco.

La Infancia

¨Iban en bicicleta para Arcabuco, donde estudiaban, pero cuando empezó a ver las carreras del Tour o del Giro me decía: “Mami, algún día sumercé me verá por allá compitiendo con esa gente; es como sabio porque ya lo está haciendo. Cuando el Giro me dijo: Mami, si no me gano el Giro, quedo en pódium, pero de que quedo, quedo”.

“Era avispao desde pequeño, cuando empezó a caminar ya lo hacía solo, tenía dos años y se vino del jardín que está como a 200 metros”. Se refiere a una guardería llamada Pato Lucas, en la que Isabel Monroy, una madre comunitaria, cuida a niños del sector desde hace 25 años. “Y eso que era enfermo, se dice que se tientan de primeriza”. Con sorpresa exclamo:

-¿Y eso qué es?

- Es cuando una muchacha que esté embarazada por primera vez, si alguien llega a tocar al chino, este se enferma; y como por acá pasa tanta gente no supe quién fue.

- ¿Y cómo se recuperó?

- “Aquí se llaman árboles de injertos, con eso se preparaba un agua y se bañaba, tocaba bañarlo a las seis de la tarde, tenía por ahí como un añito, uno no le desea eso ni al peor enemigo”.

Como todo niño, dedicaba gran parte de su tiempo a jugar con sus hermanos, sin descuidar los distintos oficios del campo, como recoger cosechas u ordeñar vacas, y fueron estas oportunidades de compartir las que lo hicieron sobresaliente.

 

“Cuando estaba en décimo fue a correr a Venezuela y quedó subcampeón. Teníamos unas vacas y tocó venderlas y allá en Cúcuta lo recibió el tío. ¡Y los del equipo de acá de Tunja lo atacaron para que ganara el venezolano!, con los que supuestamente iba a ir en el mismo bus; además de que no lo llevaron, le quitaron los premios”.

 

Un sentimiento de orgullo y de ira la invaden al arrastrar esa anécdota que le es difícil de olvidar, aún ahora en su posición como madre campeona: “Yo me crie sin papá ni mamá, uno vive humillado–en ese momento se entrecorta su voz- todo el mundo barre con uno. Lo que uno sufre cuando es pequeño… le pegan, lo humillan, uno no desea que ninguna familia bote sus hijos, me dicen que me dejaron muy pequeñita, eso es muy triste”, dice con nostalgia mientras limpia sus lágrimas, que se desbordan ante un trago amargo de su pasado.


No puedo evitar abrazarla y confesarle mi gratitud y orgullo porque, de no haber sido forjado en el seno de tan emprendedora madre, tal vez no estaría contándome esta historia y peor aún, nadie podría decir “gracias, Campeón”. Nuevamente está feliz, el trago amargo se esfuma con el mejor recuerdo que tiene: sus hijos.

Afortunadamente, a nosotros no nos hizo falta nada cuando decidimos formar una familia con Luis –Luis Guillermo Quintana, un campesino de 56 años que con su trabajo consiguió el sustento de su familia- y ahora, gracias a Dios, hasta hemos viajado y comido unas cosas raras, pero ricas. Ahora todo el mundo me quiere”,: 
relata

Cae la tarde, a la tienda La Villita la empieza a dominar la noche y su carretera sólo es iluminada por los fugaces carros que suben para Tunja o bajan hacia Arcabuco. Le agradezco a la mamá de un orgullo patrio por dedicarme parte de su tarde.

-¿Y se va a ir a oscuras en bicicleta?

-Sí, doña Eloísa, a no ser que pase un bus y pare.

-Bueno, que Dios lo bendiga.

Rodando hacia la gloria

Hace 197 años, en Boyacá se libraron batallas por la libertad; hoy, son por la gloria deportiva; a bordo, no de un caballo brioso sino en su caballito de acero. Nairo Alexander Quintana Rojas, un joven de 26 años que está amparado por una fuerza engrandecedora en tan solo 1.67 mts. de estatura, sobresale ante los mejores ciclistas profesionales de categoría Élite. Su ímpetu llega a tal nivel que quienes lo conocen lo consideran fuera de categoría.

Jorge Ovidio González, gerente de la Federación Colombiana de Ciclismo, recuerda que conoció a Nairo “en una Vuelta del Porvenir, después me tocó llevarlo a su primer mundial en Bélgica; siendo un pelado todavía, ya estaba en Colombia es Pasión, pero también estaba ya tratando de hacer el contrato con Movistar, era el favorito”.

Su logro deportivo más importante fue en 2014, cuando alcanzó la  gloria en la segunda vuelta más importante del mundo, el Giro de Italia, sin desacreditar sus logros anteriores como el Tour de L´Avenir -la más importante Sub 23 en Francia-, donde se consolidó como un guerrero  dispuesto a luchar en las mejores batallas del deporte del pedal, batallas de paz y de gozo para alegría de los colombianos. Fue esta sorprenderte participación como el mejor joven de su categoría la que le permitió ser fichado por uno de los grandes equipos del mundo, el Movistar Team (España), que no vaciló en apoyar a Nairo y brindarle una formación especializada que lo llevaría a competir por títulos alrededor del planeta.

“En España le dijeron que era un fenómeno cuando vieron los resultados de las valoraciones médicas, allá se regó el cuento de que había un súper hombre que había nacido en Boyacá, Colombia, entonces los del Movistar, que son cazatalentos dijeron, ese chino es para acá”,: 
afirma José Baudilio Cepeda, periodista deportivo.

Irónicamente, esta vez los españoles se llevan nuevamente uno de los tesoros más preciados de esta verde tierra, pero para beneficio de toda la nación que apoya a su Titán con fervor. Y no es para menos, su tenacidad y desempeño cuando está a bordo de su compañera de batalla es tal, que quienes lo seguimos a través de la pantalla sentimos un júbilo que despierta a una nación soñadora.

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Tomada de  http://caracol.com.co/radio/2016/07/22/deportes/1469203101_514491.html 

 

 El ídolo atraviesa ese umbral que lo convierte en una máquina demoledora ante sus rivales, los cuales seguro entran en pánico cuando lo ven pararse en los pedales, empujándose tan solo con sus pulidas piernas de ébano hacia una montaña que lo espera con una multitud alborotada ante tan magno espectáculo. NAIROMAN –así lo identifican en redes sociales- es un ser increíble, que seguirá dejando huella en las carreteras del mundo, al igual que el verde fogoso de las esmeraldas.

“ "Es como si fuera un milagro de Dios poder estar de hecho hoy aquí, estaba muy mal. Lo que pasa en mi cuerpo es difícil de explicar ahora",: 
aseguró el ciclista del Movistar tras cruzar la meta de Saint-Gervais-les-Bains en quinta posición a 26 segundos del francés Romain Bardet.

 

  • Datos

  • Finalizando  la etapa 19 del Tour de Francia Nairo está en el podio.
  • "El cuerpo no va, las piernas no funcionan", afirmó el colombiano, que reconoció que en algún momento pensó en retirarse.

  

 David Alejandro Corredor

Estudiante de Comunicación  en la Universidad de Boyacá

 Especial para Utópicos