Gabo

"La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón"

“Haber firmado la paz por sobre todas las cosas es el mejor recuerdo que tengo del M-19”:Nina Pizarro.

Utópicos: ¿Cómo fue su niñez?

Nina: Cuando era niña mi mamá quería que yo estuviera muy cercana a la Biblia, a Dios, y siempre hubo una actitud de servicio hacia la gente. Uno de mis primeros trabajos comunitarios que hice cuando era niña fue dar clases de inglés a niños  del barrio Caldas en Cali con el Padre Alfredo. Aunque parezca imposible, me quería ir de monja, quería ser astronauta para subir a las estrellas y conocer a Dios y vivía fascinada con las esculturas de Miguel Ángel. A mis 14 años viajé a Estados Unidos y  cuando cumplí  15 años decidí  volver a Colombia porque me cansé de la distancia.

Y regresó…

Era 1969,   empecé  a estudiar  secretariado bilingüe y supe  de los caminos de mis hermanos, y  terminé  contagiándome  de esa época en la que los jóvenes nos creíamos dueños del mundo. Entré a la Juventud Comunista pasando, de leer la Biblia y de observar a Miguel Ángel a estudiar Marxismo.

Tenía 7 meses de embarazo y fui condenada a 8 años de carcél.

Su papá era almirante de la Armada, ¿Cómo manejaban los contrastes ideológicos en su casa?

En casa siempre se presentaban las discusiones álgidas, pero  mi papá era un hombre profundamente ético y siempre manejó la situación con respeto hacia nuestras decisiones. Fue doloroso para mis papás ver los caminos de sus 5  hijos estaban haciéndose. Sin embargo él no veía otra opción que dejarnos el camino libre para que asumiéramos las consecuencias.

¿Quién fue el primero en entrar a un grupo revolucionario alzado en armas?

N: Carlos; él primero  entró  a las FARC, pero sus propósitos con los grupos revolucionarios eran otros  y se retiró con Álvaro Fayad. En 1973 fundan con Bateman y otros locos soñadores el M-19.

¿Cuando entró al M-19?

En 1974 viajé a Paris, empecé a estudiar sociología y me encontré con toda la izquierda del mundo. Había uruguayos, argentinos,  vietnamitas, chilenos, cubanos, era interesante ver tantos mundos creyendo en esa izquierda hermosa de los setenta. Eso sumado a  todo lo que estaba ocurriendo en mi país  con el nacimiento de ideas nuevas y jóvenes que estaban dando la vida por la revolución,  hizo que al año siguiente regresara. Cuando volví, Carlos me habló del Eme y tuve fe en ese sueño de luchar por un país mejor  para todos. En 1975  entré al M-19. Tenía 21 años  y ya no me quería regresar a Francia, quería quedarme en Bogotá con mis hermanos. Era operadora internacional de Telecom y  sindicalista dentro de la empresa, debía convencer a la gente de luchar por nuestros derechos, además era secretaria del Comando Superior (del M-19) y servía de enlace para repartir por toda Colombia el periódico del Eme. La ternura de mis compañeros y el hecho de haber firmado la paz por sobre todas las cosas es el mejor recuerdo que me queda.

 

¿Cuándo se entrgó totalmente a la causa del M?

El 31 de diciembre de 1978, cuando estaba embarazada, con una barriga gigante y me encargaron  una de las caletas más grandes  en la operación del robo de las armas del Cantón Norte.  

¿Qué pasa después de esa operación?

N: Me detienen el 14 de Enero de 1979, tenía 7 meses de embarazo y fui condenada a 8 años de cárcel en una prisión de aquí de Boyacá. Mis hermanos  Carlos y Hernando también estaban en la cárcel, al igual que  otros comandantes del Eme. En septiembre de 1982 se levanta el Estado de Sitio y pude salir de la cárcel.  Tres meses después se da una amnistía y Carlos, junto con el resto de los compañeros salen de prisión.

 ¿Cuándo decide salirse del Eme?

Una mañana estaba con mi hija esperando el bus del colegio, Alejandra tenía como 5 años y como si la vida me estuviera hablando con una patada en el corazón, me mira y dice:

Mami, tú me abandonaste.

Yo trate de explicarle que no la había abandonado, que estaba en una lucha por la justicia social. estaba reclamándome por tantas noches que pasó sin mí y con su abuela, ya era hora de que algo cambiara. Ese fue el momento en el que dije: ya no más. 

En 85, salí de la guerra y me fui para Paris con mi mamá a construir un presente nuevo para todas, con la fe puesta en que le podría entregar un camino nuevo a mi hija.   

"Nada me queda grande, a veces la lucha es dura, pero con la luz uno limpia lo que se atraviese".

MIARADA A UN PASADO PREMONITORIO

La guerra terminó de estallar en los corazones de la familia Pizarro y Margoth  -la mamá- había soportado las situaciones más adversas con dolor y soledad. Comenzó una vida tranquila junto a los cafetales de El Recuerdo. A sus 80 años, una tarde caminaba con su hija por el guayabal, solo había serenidad entre ambas. Nina le preguntó algo que le haría entender el horizonte que había tomado su camino:

-Mamá, ¿tu amas la vida a pesar de todo el dolor que te ha tocado vivir?

-Claro- le dice Margoth –De eso se trata la vida, de abrir los brazos y esperar a que llegue lo que te tenga que llegar.

Nina entendería entonces lo sucedido esa tarde de 1979, cuando entre la multitud de policías y militares que solían entrar a la cárcel de mujeres en Tunja vio pasar frente a sus ojos, vestido de militar, a Rafael, el hombre con el que hoy comparte sus sueños y esperanzas. Fue un instante, no hubo ni una palabra, pero definitivamente la vida le mostraba lo que le esperaba más allá de la guerra.

Con los años, Nina y Rafa se reencontraron, tan iguales y dignos como son ahora, y como siempre lo fueron. Simplemente bastó hablar con el corazón y abrir sus brazos para que la vida trajera lo que les debía traer, como lo sentenció Margoth.  

 Pablo Navarrete

  @elparticorti

  Pablo Navarrete