SARA BRUT : Memorias de una represa utópica.

“Tuvimos que salir con muchas dificultades porque no estábamos preparados, no es lo mismo cuando uno quiere irse o quiere vender, a cuando toca”. Con nostalgia, Martha Restrepo recuerda el momento en el que vendió su propiedad para dar paso al ‘desarrollo’.

Por: Ana María Serna.
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Fotos: Alexandra Sierra y álbumes familiares

ANA MARÍA SERNA

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 ALEXANDER GÓMEZ

Los habitantes de la vereda Guacas, ubicada al norte del Valle, en el municipio de Bolívar, vieron cómo sus parcelas y casas quedaban totalmente sumergidas, al ser inundado todo el territorio para dar paso a la construcción del embalse Sara Brut, un lago artificial cuya superficie de agua es de 71 km² y su profundidad media es de 60 metros.

En 1999 se inició la construcción del Sistema de Abastecimiento Regional de Agua Potable del Norte del Valle del Cauca (Sara Brut), sobre la cuenca del río Pescador, cuyo llenado comenzó en junio de 2002, con el fin de proveer de agua a los municipios de Bolívar, Roldanillo, Obando, La Victoria, La Unión y Toro y, sobre todo, a Guacas, la vereda que fue desplazada para crearlo. Hoy, quince años después, pasa por momentos de extrema resequedad, problemas ecológicos y económicos.

Entre los actores del conflicto ecológico se encuentran algunos habitantes del antiguo Guacas, hoy establecido cerca de allí. Marta y Pricila Restrepo y su esposo Horacio, pertenecen a una misma familia y tienen miles de anécdotas tras la historias Sara Brut.

Momentos difíciles que aún no cicatrizan
"Parte de mi vida la viví allá, éramos varias familias, teníamos nuestras pequeñas parcelas de las que dependía nuestro sustento, y empezó a comentarse sobre la construcción del embalse, algunos lo veíamos como algo imposible que nuca se iba a realizar, pero llegó el día en que se hizo. A partir de esto nos cambió la vida totalmente, tuvimos que salir del lugar donde compartíamos con los vecinos, disfrutábamos las vacaciones con la familia y el mayor atractivo era ir a bañarnos al río”, recuerda con tristeza Martha.

"Mi mamá decía que ella no vendía, que la sacaban de allá muerta. Nos tocó salir prácticamente a las malas, desde ese momento, empezó la enfermedad de mi mamá, ella murió de pena moral debido a que no pudo disfrutar la casa donde crió a sus hijos. Además, mi papá le dijo antes de morir que nunca vendiera, porque la finca era para los nietos", se lamenta Priscila.

"Fuimos aproximadamente doce familias, la mía vendió poquita tierra a la CVC, porque algunos otros aportaron un 80 % de tierra de las 115 hectáreas que quedaron inundadas, tambien las familias Santiago, Rodríguez, Gordillos, Garzón (mis abuelos), aportaron casi un 20 %. El dinero que nos dieron por esa tierra fue poco, fue desorganizarnos y desintegrar la familia, al igual que la vereda”, recuerda Martha.

En un principio, el embalse Guacas pretendía suplir la necesidad de la vereda, pero solo fueron promesas a la deriva. Según el periódico El Tiempo (12 de diciembre de 2003): “El acueducto suplirá la demanda del líquido durante los próximos 30 años en esas localidades y garantizará la ejecución de la CVC de proyectos de infraestructura y saneamiento básico y se desarrollará un programa ecoturístico en la región…Esta obra es el proyecto de infraestructura de servicios públicos más importante del Departamento del Valle en los últimos 15 años”.

¿Qué pasó con las promesas de SARA BRUT? 
Don Horacio, otro habitante de Guacas, recuerda con impotencia lo que antes era la vereda y lo que la CVC y Acuavalle prometieron: "Desde la construcción del embalse empezamos a perder, nos dijeron que iba a haber beneficios muy grandes; prometieron regalías, que iba a haber turismo, pero eso nunca se ha visto. Hubo un tiempo que nos quitaron hasta la entrada a la represa, no podíamos ir ni a pescar, nos quitaban las atarrayas, venia gente a montar cualquier negocito y lo sacaban. Esa construcción trajo pobreza y resequedad a la vereda”.

A su vez, Martha expresa que "se comprometieron con mejorar la parte agrícola y algo muy ilógico es que Guacas, siendo la vereda donde se construyó el embalse, nunca tuvo acceso a un distrito de riego y es una de las regiones más secas del municipio. Los habitantes cogen poca agua del acueducto, debido a que hay mucho invernadero y, de manera arbitraria, establecen tuberías clandestinas y no les importa dejar a la gente de la parte de abajo sin agua para regar”.

El País (1º de septiembre de 2014) aseguró todo lo contrario a lo que sucede en Guacas: [El gerente de Acuavalle, Humberto Swamm, destacó la gran iniciativa de la Administración Municipal de Bolívar para unir esfuerzos y recursos en torno a la protección del agua en la región.“Hemos suscrito un acuerdo de voluntades que nos permita proteger este sistema que tanto significa para los nortevallecaucanos, ya que es prenda de garantía para el suministro de su agua potable”, señaló].

“El proyecto se diseñó para una vida útil de 30 años. Hoy, 15 años después, el embalse ha perdido su nivel.
Según un experto, que pidió reserva de su nombre, Acuavalle hizo en 2014 una purga al embalse y tuvo las compuertas abiertas, bajando su nivel en cuatro metros. Según la información de Acuavalle, se debió a una falla técnica. A esto se suma el intenso verano de los últimos dos años, en que las lluvias han sido escasas y el embalse no ha podido recuperarse. Al indagar a Acuavalle sobre por qué Guacas nunca fue beneficiado con un sistema de riego y agua potable, no quiso pronunciarse.”.

Y añade: “Para la alcaldesa de Bolívar, Liliana Palomeque, “se ha dado un gran paso con la firma del acuerdo, ya que como hermanos de agua que somos debemos unirnos para seguir con la conservación de este recurso vital”. La idea es ponernos la mano, no solamente en el corazón, sino en el bolsillo, para apoyar y gestionar en equipo, pues si todos ponemos podemos jalonar recursos del nivel nacional”.
Sin embargo, según Priscila. "Lo que ahora es una represa, inicialmente estaba conformado por árboles, guadua, caña brava entre otras variedades de plantas, era todo un bosque; debemos comprar el agua al acueducto de Primavera y nos cobran 35 mil mensuales”.

Tal parece que la represa SARA BRUT se realizó para beneficiar a unos cuantos, generando sufrimiento a quienes ya no tienen acceso al valioso líquido.