Oro en el pelo, adrenalina en la sangre, alergia al miedo y valentía de hombre.

Por: VJ
@VictorJuliam

José Fernando Mina hace honor a su apellido; es un tesoro que se halla en el fondo, pero no de la tierra sino del agua. Es clavadista.
Tiene siete años, ocho medallas y un sin cuenta de sueños que consigue en las aguas. Volando y nadando, sabe pilotear los vientos, tiempos y clavados. Desde sus tres primaveras, cuando acompañaba a su hermano a entrenar, el niño de cabeza dorada fue relacionado con la tabla.

Mientras otros probaban la chupeta, él se tiraba de cabeza a la pileta. “Los compañeros del hermano jugaban con el niño en la piscina, poniéndolo contento, pues le fascinaban el agua y el recreo, era una piquiña. Así empezó”: José Mina, padre del menor.

Ese fue el comienzo de una pequeña pero enriquecedora historia. Pues desde que entrena, ha conocido ciudad por año: Pereira, Medellín, Ibagué, Bogotá, y no contento con ello, su impulso lo llevó a representar a su patria en Monterrey, México.

Dichos logros no son gratis, en su día normal tiene una disciplina descomunal; después de cumplir sus labores académicas, duerme un rato para cargar la pila que lo pone Duracell, como un conejo saltando en su querida tabla.

Su entrenamiento es de cuatro horas. Dos de ellas las dedica al acondicionamiento físico con diversos ejercicios que perfeccionan su flexibilidad y resistencia; en el otro par sale a su recreo, salta, goza y clava entrenando pero más disfrutando.

Le gustan los videojuegos, pero gracias a sus padres les da un buen uso, pues solo tiene acceso a ellos los fines de semana. Es clave en su formación, hay disciplina dentro y fuera de las aguas.
No se peina, no le gustan las fotos y necesita una medalla de bronce para tener las tres del podio, pero hasta el sol de hoy, le es esquiva.

Como en su profesión, en su vida vuela y aterriza; pues a pesar de sus grandes logros conserva una increíble tranquilidad, prevaleciendo en él la humildad, su más notoria cualidad.
Un niño que desde su gateo desconoció el peligro y desafió su valentía, hoy goza de la victoria y tiene hambre de gloria.

“Después de ganar Oro en Medellín, manifestó su inocencia argumentando que quería una medalla de bronce porque sólo esa le faltaba en su pequeño museo. ”.

“Al padre no le da miedo cuando clava, su única preocupación es que lo haga bien.”.