El documental es un género que desde sus inicios ha tenido fuertes y notables cambios en sus formas discursivas. Desde la aparición del cinematógrafo como cámara móvil que permitía registrar fácilmente la realidad circundante, este género desarrolló una compleja narrativa, en donde la línea divisoria entre la ficción y la no ficción ha sido un tanto borrosa.

Desde los trabajos de Flaherty, introduciendo el docudrama, los de Ruthman e Ivens -que involucran el trabajo estético de la pintura con la luz- o las experimentaciones de Fernand Léger con su Ballet Mecánico, el documental ha generado múltiples y muy diversas estrategias para contarse.

Algunos autores como Nicholls, Rotha, Channan o Renov, han investigado y analizado estas formas discursivas del documental. En estos análisis se observa cómo el documental siempre ha estado mutando sus estrategias narrativas, valiéndose para ello de las rupturas con lo establecido a través de creadores vanguardistas.

Los experimentos de Vertov y su Cine Ojo, el Cinéma Verité o el cine directo, son productos de una búsqueda por variar sus propuestas de narración. Las modalidades discursivas analizadas por Nicholls, desde la expositiva, hasta la performativa, desarrollada en su Introduction to Documentary (2001), son un intento por generar una taxonomía a la que el documental se ha negado durante años.

 

Podría decirse que la narrativa documental siempre se ha nutrido de esos cambios, de esos autores vanguardistas que vislumbran nuevas formas de contar, de representar la realidad. Es así cómo, desde los años 80´s las vanguardias en el documental comenzaron a relacionarse con las escrituras del YO. La aparición de las mini-cámaras o Handycams -de fácil manejo y muy livianas- permitieron a los realizadores girar el lente para mirarse a sí mismos, convirtiendo la cámara en una especie de extensión de sus manos con  la que se podía observar sus propias vidas. La Autobiografía, el diario documental y el Autorretrato hacen parte de estas vanguardias que en la actualidad marcan una línea de trabajo que cada vez se articula más con las artes plásticas, hasta el punto de que el documental empieza a hacer parte del museo como una obra de arte pensada para ser expuesta en estos espacios, en lo que se ha denominado documental expandido.

El autorretrato, en el que el realizador genera una mirada específica sobre un momento de su vida, el diario documental, que recoge una jornada (journey) en la que el realizador  se transforma a medida que emprende su viaje por el mismo documental, o la autobiografía donde el realizador relata su propia vida, hacen parte de este arsenal de formas narrativas, que siguen vigentes y transformándose para dar al documental nuevos aires y nuevos espacios de creación.

 

 

  • Referencias

  • *Nichols, Bill, La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, Barcelona, Paidós, 1997. (1991)

    *”El Autorretratro en el Documental, Introducción/Conclusiones”, Raquel Schefer en el Autorretrato Documental

     

  

 

 

 

Sandro Buitrago / Martha Lucia Victoria 

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