Salsa o choque

01 July 2015 Written by 
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Cali, la capital mundial de la salsa, se ha ganado este calificativo por largos años, sin importar que ese género no sea originario de la ciudad.

 

Esta identidad para los caleños contagió a Colombia y al mundo con su ritmo pegajoso; es así como la capital vallecaucana ha hecho aportes importantes para fortalecer este género, universalmente conocido. Las orquestas de la ciudad, como el Grupo Niche, Son de Cali y Fruco y sus Tesos, han dejado el nombre de la salsa caleña en alto, con un reconocimiento en los distintos lugares del planeta a los que han viajado.

Ahora bien, se han escuchado críticas por el nuevo género salsero que está predominando en Cali y que ha salido de las comunas populares de la ciudad, con un ritmo particular, que de salsa clásica no tiene nada. Utilizan temas originales de artistas internacionales como Sean Paul -con Sexy Lady- o la canción que dieron a conocer los jugadores de la Selección Colombia, el “Ras tas tas”, que es una versión de la canción del rapero Ludacris, Get out of the way.

Hemos pasado, pues, de “Cali pachanguero” y “Oiga mire vea” a “¡Cómo así que cómo fue!” y “Lo partió, lo partió”. Al escucharlas, queda en evidencia que no es posible considerar a la salsa choque como cercana de la salsa caleña.

No es que este género se haya perdido, pero ahora hay una especie de desplazamiento hacia nuevos ritmos, acentuados por los jóvenes y el diario vivir de la rumba. Otros géneros musicales –como el vallenato y el reguetón- han entrado fuertemente al portafolio rumbero de Cali, haciendo que la identidad salsera se haya perdido, dejando en un segundo plano a los artistas del mundo de la salsa clásica.

Todos estos hechos generan un malestar entre los melómanos de la salsa tradicional, pero considerando la aceptación popular de la Salsa Choque, hay que ver el lado bueno: que fue dada a conocer en Cali y que, al igual que el  reguetón, podría llegar a ocupar un lugar importante en el mercado  musical.

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    Un nómada argentino sobrevive gracias a la música, ha pasado por países como Bolivia, Ecuador y Perú donde ha vivido aventuras que le han dejado gratas y amargas experiencias.

     

    En las calles de Cali, en los semáforos y en algunos buses del MÍO, un hombre elocuente y de mediana estatura deambulaba con un maletín y un saxofón. Gonzalo Genova vino de Mar del Plata (Argentina), tiene 26 años y está explorando Latinoamérica a punta del rebusque musical.

    Con notas de jazz y blues, consigue las monedas que diariamente le brindan la posibilidad de comer, pagar un lugar donde dormir y si viaja, comprar un pasaje de bus.

    Emprendió su intrépida travesía hace año y medio, luego de dejar sus estudios en gastronomía. “Quería ver el mundo, saber qué es no tener raíces y estar sin rumbo fijo, sin preocupaciones”, explicó Gonzalo.

    La aventura de viajar con una muda de ropa y su instrumento musical lo ha llenado de muchas alegrías; ha pasado por Bolivia, Ecuador, Perú y parte de Colombia.

    No ha sido fácil, sobre todo cuando los bolsillos quedan vacíos. “En muchos lugares, como en Bolivia, tuve que dormir en la terminal de transporte; no tenía ni una moneda para  pagar un cuarto de hotel o una simple cama en un hostal”, relató.

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    “Esa noche me dijeron que podía dormir en ese lugar; cuando amaneció noté que mis cosas no estaban, se llevaron mi cámara, mi ropa, plata y varios elementos; me obligaron empezar de cero”, contó este histriónico argentino que ahora quiere llegar a Venezuela.

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    “Si yo pudiera nombrar a toda la gente que me ha dado la mano tendría que escribir un libro, son personas con quienes estoy completamente agradecido porque en días en que no he tenido nada en mis bolsillos han caído como ángeles del cielo, han saciado la sed y el hambre por la que he pasado”, dice este nómada, quien estuvo encantado en Cali.

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    Hace cinco meses llegó a la ciudad. Logró quedarse en un hostal, gracias a las monedas que recogía tocando su saxofón en los semáforos; también el sistema MÍO le ‘salvaba la patria’.

    “Cali tiene algo que las demás ciudades no, es acogedora por su clima,  su gente, además que hay música por todas partes. La salsa es un ritmo con el que mueves el cuerpo, así no sepas bailarla, ya estoy aprendiendo”, le dijo a Utópicos, mientras en su rostro se notaba el entusiasmo con el que hablaba del lugar en donde mejor le ha ido.

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    Esteban Fajardo (24 años), estudiante de derecho, alterna el tatuaje con esa actividad. Es apasionado por este arte donde el lienzo es la piel de las personas, en las que graba emociones, rituales y recordatorios.

    Desde hace cuatro años “raya” a sus clientes de manera original, con un proceso que pasa por varias etapas. “Después de elaborar el diseño, que va desde la idea más absurda, hasta cosas que te puedan generar orgullo, familia, equipos de fútbol”, explica.

    Utiliza papel transfer para poner el diseño en la piel y buscar una buena ubicación, tamaño y en algunos casos retoques al dibujo, para lograr armonía y empezar a “rayar”.

    Con la idea clara, el tatuador se empieza a preparar. Esteban prefiere agujas las R5 -muy delgadas-, guantes y tintas. Se deben seguir normas de salubridad, por eso utiliza materiales estériles desechables.

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    Vive un día normal rodeado de música y de tribus artísticas que le aportan códigos para desarrollar diseños de tatuajes innovadores. La pasión que siente lo hace disfrutar lo que hace; tanto, que con gusto aconseja a la gente, teniendo en cuenta gustos, pasiones, creencias e ideales.

    Trata de ser un artista y aportar una expresión en el arte que, sin embargo, es criticado por muchos otros, que consideran que no es conveniente llevar en la piel una marca que estará plasmada para toda la vida.

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