Melodías callejeras

El reloj marca las 10:00 de la mañana, hora habitual en la que Fabián sale a trabajar. Es un recorrido de aproximadamente una hora caminando desde su casa hasta el lugar de trabajo, un espacio en donde ya es conocido. Al llegar, se alista para una larga jornada

Las condiciones laborales de Fabián no son las mejores, su escenario está expuesto a las inclemencias del tiempo, al igual que a un público exigente y afanado, que muchas veces no ve con buena cara los 60 segundos de espectáculo. Sí, es solo un  minuto disponible para que Fabián realice su show en este duro escenario conocido y transitado por muchos: la calle. Fabián es uno de los más de 500 mil empleados informales que circulan por la ciudad.

Toda esta historia se inició en el departamento de Casanare. Tal como se describe Fabián, era un hombre “trabajador y echado pa’ adelante” y la música siempre fue su pasión. “Mi padre me inscribía a cualquier curso o competencia de guitarra que saliera, a mí me gustaba mucho, pero creo que a él le gustaba mucho más, siempre tuvo la esperanza de que su hijo llegara a ser un gran músico y hoy en día le agradezco todo eso que hizo por mí”, expresó Fabián al referirse al patrimonio artístico que le dejó su padre antes de fallecer.

Fabián Vargas cuenta con una experiencia de 12 años en la música y hace 4 años ejerce en las calles de Cali

Pero, por situaciones de la vida, tuvo que dejar su hogar para buscar nuevos rumbos en la ciudad de Cali, un futuro para brindarle una buena calidad de vida a su esposa e hija. Esperaba que sus conocimientos en música le ayudaran a encontrar algún puesto en una agrupación, pero a pesar de presentar muchas audiciones, siempre lo rechazaban sin explicación alguna, por lo que tomó la decisión de ejercer su arte en las calles de Cali.

Ya son cuatro años los que Fabián lleva trabajando en la ‘selva de cemento’, tal como la llama él, cuatro años de arduo sacrificio, de días buenos y malos, de días soleados y lluviosos, que complican su trabajo. Pero, el amor por las dos mujeres que lo esperan en casa hace que siempre recobre las fuerzas para seguir luchando cada vez más. “Llegar a la casa y que tu hija y esposa te reciban con un abrazo es lo que me impulsa a seguir con este duro trabajo, porque a ellas no les importa el dinero, son felices con lo poco que llevo y cada día me dan más ánimos”, comentó Fabián, explicando la razón por la cual sigue luchando día a día para llevar unos pocos pesos a su hogar.

La carrera 50 con avenida Roosevelt es su sitio habitual de trabajo diario, aunque en ocasiones debe desplazarse hacia otros semáforos

El reloj marca las 2:00 de la tarde, hora de un merecido descanso para Fabián, lapso en el que este hombre aprovecha para ingerir los alimentos que su esposa le empaca y tomar un poco de fuerzas; solo es una hora la que se toma para esta actividad, luego regresa a sus labores, ya que “el público se me está pasando sin pagar la boleta”.

Aparte de las  condiciones climáticas, Fabián también debe lidiar con una realidad de su trabajo, no poseer un sueldo fijo, porque solo subsiste del dinero que las personas crean que merece por el talento demostrado, “hay días buenos y malos, normalmente lo mínimo que se puede hacer uno son $20.000, de ahí para allá ya lo que uno se haga es ganancia”, explico Fabián.

Por una parte, las personas no ven estas demostraciones artísticas como un trabajo, ya que creen que no representan el mismo sacrificio, comparadas con los trabajos tradicionales, sin saber todo lo que hay detrás de cada uno de estos artistas y de lo que tienen que hacer para poder llevar a cabo su arte; pero, por otra parte, hay personas que disfrutan del talento demostrado por Fabián y entienden que en muchas ocasiones se ve obligado a ejercer en las calles, por lo que contribuyen con sus monedas al hombre que pasa sus días bajo sol y agua buscando ganar unos pesos.

La guitarra ha sido su compañera de viajes y es su objeto más preciado

“Me encanta ver a estas personas tocando en las calles, algunos tienen mucho talento; además, hacen pasar un ratico agradable con las canciones que tocan, por eso siempre que puedo les doy plata”, afirmó José Martínez, un conductor que debe pasar habitualmente por el semáforo en donde se presenta Fabián.

El reloj marca las 8:00 de la noche, es hora de finalizar el show. Con las manos destrozadas y los pies hormigueando por estar todo el día de pie, Fabián se dispone a terminar su jornada laboral, agradeciendo a Dios por un día más de trabajo. Llega a eso de las 9.30 de la noche al hogar donde dos mujeres lo esperan con los brazos abiertos, como muestra de agradecimiento por su sacrificio, el mismo sacrificio que en las calles suele ser inadvertido.

  Juan Camilo Villaquiran 

 

 @camilo_villa10